Qué mítico. El primer día del cole era una mezcla de sensaciones. Áún hoy, cuando comenzamos el curso hay muchos sentimientos. Por un lado, encontrar a algunos amigos que no has visto, por otro, la incertidumbre de quienes serán "los nuevos", hasta, incluso cuándo tú eres "la nueva". Pero no todo son alegrías, también cuesta. Dejar el verano, los días enteros en la calle, los helados, las limonadas... Era muy costoso...
Lo peor era hacer las tareas de verano a prisa en el último momento. A mí me pasaba siempre, porque nunca me organizaba bien. Los cuadernillos rubio primero, luego los de vacaciones Santillana, para luego pasar por fotocopias y más fotocopias de operacioens complicadas y frases largas larguísimas para analizar sintácticmente. Lo único que hacía durante el verano era leer los libros que mandaban, pero me los acababa en seguida y tenía que buscarmen por mi cuenta más, porque la biblioteca del cole cerraba.
Y otra cosa de las mejores era preparar la mochila con todo el material. Los bolis de diez puntas tuvieron tirón durante mucho tiempo. Las cajas de colorines Alpino o los rotuladores Carioca empezaban el primer día enteros y ordenados y al mes no te quedaba casi ninguno...Los cuadernos de cuadros o rayas, según las preferencias de cada uno, también estaban presentes en cada mochila. Forrar los libros era toda una gesta, porque en casa había competición para ver quién era el más original.
Ahora el priemr día sigue siendo emocionante, pero da pena que queden cada vez menos primeros días de cole por delante.